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domingo, 15 de enero de 2012

PUEDES ESPERAR SENTADA QUE VUELVA - MULLER NA SILLA DE LUIS SEOANE

Estas fueron sus últimas palabras, las que tengo clavadas en mis secas entrañas desde hace cincuenta años. Las que me tienen clavada a esta silla, lo  único de valor que llevé como ajuar de casa de mis padres. Esta silla de castaño, de fabricación casera, que envejece conmigo, y que podría contar mi historia si tuviese el don de la palabra. La silla que mi padre talló, con sus manos encallecidas, que vio crecer a mi hijo antes de nacer. Aquellos interminables nueve meses de reposo absoluto, para no perderlo. Lo que son las cosas, al final lo perdí. Nueve meses de cuidados dieron su fruto en forma de niño, y luego el fruto se fue deformando a medida que crecía, sin que yo fuera capaz de evitarlo.
La silla quedó vacía todos esos años de seguimiento, no había tiempo para el descanso. Pero por más que traté de guiar sus desvíos, el barco marchó a la deriva por el tormentoso mar de la droga.
Llevo sentada  en esta silla no sé cuánto. Desde que mis piernas dejaron de obedecer las órdenes del cerebro y decidieron quedarse rígidas y adaptarse a la silla. De tal forma que sólo puedo acostarme plegada, como si  siguiese sentada en una silla invisible.
…Puedes esperar sentada…
Martillea sin descanso en mi cabeza día y noche, como una música maldita. Y espero.
En la noche, a caballo del sueño, mis poros se abren hasta dejarme bañada en un sudor frío, como un sudario. Un ejército de sillas, que caen como lluvia sobre mí, me aproximan al pánico. Me levanto exhausta, tras la incruenta batalla.
Durante el día, interminables horas, que se alargan hasta la desesperación, mirando por la ventana al punto fijo de un horizonte sin cambios, me devuelven la sensación de vacío y soledad en la que habito desde hace años.
…Puedes esperar sentada
Cada vez más lejos, como una música de fondo que ya forma parte de mí,. Que cada vez se acomoda más a mi cuerpo inválido, que ya sólo espera la paz  del descanso, pero que aún sigue preguntando al cartero cada día si hay algo para ella, desde algún lugar lejano o desde alguna penitenciaría. O tal vez la noticia cruel y antinatural de haber sobrevivido al hijo.
Soy la mujer que espera sentada. La madre que espera, y que seguirá esperando, sentada, aún bajo la tierra, en la posición sedente a la que la maldición de un hijo, perdido para siempre, la condenó

Angela Fernández. 

3 comentarios:

  1. Bueno, colega, estamos ante a ANSIEDADE VIVA da escritura.
    Creo que Occidente está a punto de descubrir unha estrela....no firmamento da literatura e de otorgar unha medalla de ouro ao mérito do traballo....
    A editora.

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  2. !Non teño palabras! É precioso.Moi emotivo. Transmite moi ben o sentimento.Parabens ,disfrutei lendoo.

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  3. Unha fermosa e triste historia contada coa mestría á que xa nos tes acostumados.
    Miro o cadro de Seoane e semella que leo na cara desa muller cada unha das frases coa que ti describes a súa anguria.

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