viernes, 4 de enero de 2013

LOS REYES MAGOS ESTÁN EN CRISIS - Lucía Etxebarría

  




Este domingo muchos niños no recibirán regalos, o los regalos no serán tantos ni tan costosos como los que recibieron en el 2012. A algunos padres les va a costar explicar esto. Tendrán que decir a los niños que la crisis es global y que también ha afectado a la empresa de SS.MM. de Oriente. Pero quizá algo bueno podamos sacar de todo esto y empecemos a educar a nuestros hijos en otros valores.

La historia del iPhone de Miguel ilustra muy bien el delirio consumista en el que nos habíamos instalado en los últimos años. Mi hija me ha vuelto loca los dos últimos años con la cantinela de “quiero una Monster High”. Las tiene todas. No le llegan a durar ni un mes. Acaban olvidadas en cualquier cajón, desmembradas como si hubieran vivido la masacre de Texas (todas han perdido al menos un brazo). Mi hija es el exponente perfecto de que la sociedad consumista –aquella que devora productos sin llegar a disfrutar de ellos, que propugna el consumo acelerado de mercancías desechables y las relaciones de usar y tirar– tiene su futuro asegurado; porque enseñamos a los niños a ser consumistas casi desde que nacen. También les enseñamos a asociar afecto con mercancías, a identificar dinero con cariño e incluso a chantajear (mi hija no paró de darle matraca a mi madre hasta que le compró la Draculaura, y si Miguel recibió un iPhone fue, obviamente, porque lo había pedido).

Ningún regalo caro sustituye a una carencia emocional, pero una persona que no conoce el afecto real no lo sabe, porque no puede comparar. Por lo tanto, a falta de afecto, cada vez deseará más cosas materiales, y como estas jamás le proporcionarán lo que en el fondo ansía –sin saber siquiera que lo ansía–, el resultado es que cada vez deseará más en una espiral autorreferente: un iPhone 5 en lugar de un 4, unos zapatos de temporada porque los del año pasado (nuevecitos) ya se han pasado de moda, una Monster High porque las Bratz ya no se estilan.

Podríamos regalar a los niños la enseñanza de saber apreciar su suerte, de valorar el hecho de que han nacido en una parte del mundo en la que no les van a hacer trabajar o luchar como soldados a los ocho años ni les van a casar a la fuerza a los doce. Pero el mejor regalo que se puede hacer a los niños y niñas es el cariño incondicional: un bien escaso y que no se compra con dinero.
PS: Miguel perdió el iPhone en ­febrero


1 comentario:

  1. Miña nai dicía " que non se pode estirar o pé máis do que cobre a manta" E creo que agora non só botamos o pé fóra da manta, tamén o corpo enteiro nese intento de sustituir o ter polo ser,de posuir cousas materiais para tapar os buracos dos afectos.
    O outro día un xornalista contaba nun artigo que á súa nai os Reis lle deixaran unhas zapatillas e enriba delas unha laranxa. Foi tal a súa ilusión que non comeu a laranxa ata que chegou o sol da primavera. A laranxa foi o seu sol de inverno...
    Que os Reis nos devolvan o sol da cordura, empezando polos os que máis o precisan ( esos que nos desgoberna...)

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