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viernes, 28 de diciembre de 2012

QUE NON MORRA A ESPERANZA

 
–¿Qué haces? Estate quieto, que nos van a oír los niños.
–Pero si no he hecho ningún ruido...
–Pero quieres que los haga yo...
–Ha, ha. Bueno, un poco nada más.
–Que te estés quieto, te digo. Pesado.
–Pero si los niños ya están ­dormidos…
–Que me dejes, que mañana madrugo. Además no estoy de humor.
–… Yo también madrugo… ¿Y por qué no estás de humor?
–¿Y por qué tendría que estarlo? No tiene que ver contigo. Por qué va a ser, ya sabes.
La crisis.
–¡No me fastidies! Oye, esto me suena a escena cómica, lo que ocurre es que en vez de decir, como en los chistes, “me duele la cabeza”, tú dices “la crisis”.
–Vaya tontería. Mira que humor tan rijosillo, mira cómo me río. Hi, hi.
–Sí que te ríes, sí que te ríes.
–Pero si es verdad… Ya no es por el trabajo, que luchas y luchas, pero no sabes cómo estarás dentro de un año. Es por los críos, ¿qué les espera?
–Mujer, ya se verá. ¿Cómo estaban las cosas cuando teníamos nosotros sus años? ¿Qué hablarían nuestros padres cuando estaban en la cama como ahora nosotros? Ya nos hemos olvidado, o simplemente cuando eres más joven lo vives todo con más inconsciencia.
–Pero ahora no es así, ahora ves a la gente joven tan desanimada… ¿Qué les estamos diciendo? Que no hay nada que hacer aquí, que se vayan. Como el individuo ese que los manda a Finlandia…
–No puedes hacer caso de las estupideces que diga cualquier mala persona. Todos hablan y hablan, y ya ves que siempre se equivocan. No sabe uno a quien hacerle caso, a nadie.
–Pero es que antes hablaban de dos años, luego de tres, ahora de quince y de veinte… ¿A quién hay que hacer caso? ¿Al Gobierno? ¿A los economistas? ¿Al Banco Mundial…? ¿A su puñetera madre?
–Venga, mujer, no te enfades. No les hagas caso.
–Que no les haga caso… No, ya sé lo que tú quieres, pero no estoy de humor. La crisis. Anda y ríete tú.
–Te lo digo en serio, no se les puede hacer caso a esas predicciones, o son hipótesis aventuradas o son predicciones posibles o son propaganda. No lo sabemos, no lo vas a saber.
–Que te estés quieto, que no estoy para bromas… Pero entonces, ¿qué quieren? ¿Volvernos locos a todos?
–Puede ser, para aturdirnos y no ir a lo esencial: que esta política acaba con sectores sociales y que aceptarlo es un suicidio. Que hay que hacer exactamente lo contrario y que, si no, no hay esperanza.
Esperanza, me dices. Eso es lo quisiera darle a los hijos. Pero me puede todo lo que oigo, la información me abruma.
–Mira, lo único que sé es que si me doy por vencido, ya está todo perdido. Así que en las cosas que no están en mi mano ya no puedo hacer nada, pero en las que están en mi mano hago lo que puedo.
–Que quites de ahí la mano, te digo. Pesado.
–Pues eso, no dejes que te quiten la esperanza, pasa de ellos. Que no se cuele la crisis en esta cama, así tan calentitos.
–Que quites la mano de ahí. Ya está, ya te saliste con la tuya.
–¿Qué?
–Te voy a dar a ti esperanza.

Suso de Toro

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