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martes, 15 de mayo de 2012


                                            EL ÚLTIMO DÍA
                                                                           DEL RECUERDO

Una bicicleta varada en un mar de arena. Vacía de equipaje. Como ella, como tantas ellas extraviadas.

Aquel día fue el último y el primero. El último para recordar y el primero para ir olvidando, hasta olvidar.
Aquel día era un día cualquiera, de un mes cualquiera, de un año cualquiera. Un día igual al siguiente, amigo del próximo, vecino del anterior. Pasó, como pasan los días, cuando éstos ya son regalo sin premio, con la misma rutina, idéntica identidad, predecible y concreto, uniformado de horas, aburrido  hasta la nausea por repetitivo, cansino sin esfuerzo ni sudor. Días terminales, que pasan sin pena ni gloria. La pena ya suavizada por el peso del paso del tiempo, y la gloria, si algún día  llegó, olvidada, por la lógica de las prioridades vitales, y la ilógica de los humanos, que adoramos ese instante de becerro efímero y luego caemos al abismo del no ser.
 La bici quedó olvidada en un rincón del tiempo, vaciada de  vida, esperando la mano de nieve, como el arpa. Es tema de la medicina, la pérdida de memoria, ya que sin explicarlo la ciencia no lo entendemos, sólo lo  asumimos como un acto de fe infiel, o rechazamos como un acto de protesta inútil. No entendemos cómo aquel día brillamos como el oro y hoy nadie, ni nosotros mismos, nos acordamos de aquel deslumbrante brillo.
 Como la solitaria bicicleta, perdida para siempre en el óxido de los tiempos. Irrecuperable. Aquel día fue el último del viaje. Ya desprovista de equipaje.
Y la mente entró, como la bicicleta varada, en una nebulosa sin estrellas, cruce de caminos sobre la arena infinita… buscando algo, no recordaba qué, quizás un cielo luminoso para caminar, tal vez una senda  de pisadas sobre el desconocido océano, o quien sabe, el camino guiado a la incógnita de la eternidad.
 Y allí quedó, varada, como tantas otras antes, como las que quedarán varadas después. En un limbo de un tiempo sin tiempo, donde se late sin vida. La vida se perdió en un laberinto sin salida, girando sobre el mismo giro de noria loca, con los sentidos envenenados por el viento tóxico de la enfermedad. Y la identidad desubicada en el mapa, y extraviada por los entresijos del  mal intruso.
Aquel día fue el primero, para ir olvidando paso a paso hasta el gran olvido. Como una bici tumbada al  salitre corrosivo de la arena sin luz.
 A partir de ahí ella entró en el mundo de la secas llanuras, del desierto incontable ,  donde no se acuesta el sol en la línea recta del horizonte, demasiado lejos para vislumbrarlo, demasiado quebrada la línea, demasiado camino arenoso por recorrer sin agua.
 Días sin pasado, o de demasiado pasado. Horas lentas como goteras, monótonas. Sobre un suelo sin desagüe, se acumula el agua, se desborda sobre los pensamientos y los lava de lógica y de medida. Y se diluyen como el azúcar sobre la leche caliente.
Al final ( o al principio), recuerdos, vivencias y proyectos  se entremezclan y emulsionan, como  en una receta sin medidas, y con resultado imprevisible. O previsible, por su ilógica, en el mundo de la lógica de la cocina de autor.
En aquel día se hundió el último recuerdo, para salvar mis días futuros en la generosidad infantil de los suyos, ya casi sin pulsaciones, quedó su mirada de niña, y me dio el testigo, el relevo.
 Testigo de una vida, de una historia, de hechos, algunos imposibles de probar, para trasmitirlos, silenciarlos u olvidarlos. Como pasará con  los míos, el día que sea el último para recordar, si tengo testigos, fiadores de mi legado.
 A veces, el comienzo del olvido, es el alivio de un lastre del que no pudimos desprendernos en nuestro vuelo, o tal vez tengamos la necesidad de reafirmarnos, en nuestra posición de pleno derecho, como personas. O la comprensión, aunque sea tarde, de nuestra pequeña contribución a la vida, y en  otras vidas.

Hoy,  primer día de  olvidos, recupero tus recuerdos, para no olvidar los míos. Quiero montar en la bicicleta alada de los pasados y recorrerlos, uno a uno, como un recolector, para conseguir un buen vino casero.
Mañana, cuando yo misma entre en ese mundo de las nieblas perpetuas, y me olvide de mis recuerdos y de los tuyos, espero que alguien, con una foto, una carta , un dibujo, o simplemente por la evocación física de algún sentido, un olor, un sabor, traiga algo de mi presencia en mi  ausencia, me reviva, por un instante, en la instantánea de su presente.
¡Quien no desea vivir eternamente en otro¡ Aunque sólo sea un instante de pedaleo.
Por eso traigo a mi memoria aquel primer día, en que aparcaste la bici, dejaste de pedalear, y empezaron a secarse los radios de tu memoria, como unas viejas raíces.
 Raíces que se secan en la arena de la noche. Raíces con historia que contar y sin sabia para escribir.
Por eso, a la sombra de tu sombra, piel contra corteza, oído atento al rumor de las pocas hojas que conservas, en esa hojarasca del último día de memoria y primero del olvido, quiero recordar, y recuerdo, la frondosidad de otros bosques de tiempos plantados en el pasado, la sabia fresca con la que me alimentaste, y tu cobijo en la lluvia, cuando protegía mi primera bici, todavía de cuatro ruedas, contra tu leño materno.
                        Ángela Fernández

3 comentarios:

  1. Lin o teu relato coa emoción a flor de pel. É unha fermosa homenaxe a túa nai e a tódalas persoas que se perderon un día na praia do silenzo !grazas a deus! estás ti para lembralas .
    Preciosa narración. Noraboa.

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  2. O teu relato estremece a pel e pon tenrura no corazón
    E está tan ben escrito que hai que lelo unha e outra vez, porque, a pesar da súa tristeza é dunha fermosura impresionante.
    A emoción vístese de palabras e as palabras de arte. Metáforas e imaxes entrelázanse para reconstruir a memoria perdida e recuperar unha ausencia do baldeiro da nada.
    Trasmite realidade, emoción e beleza.

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  3. Bueno, Angela, en verdade que manexas a palabra coa habilidade dunha malabarista pero teño que dicirche que para o meu gusto, neste caso penso que se excede a forma sobre o fondo.
    Parabéns.

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